Hace 2 años que estuve en Castilla y León con mi familia, y visitamos Álava, Salamanca y más, y una de las ciudades que más me sorprendió fue Segovia, pues no esperaba más que un acueducto y un castillo (el alcázar) ya que es una ciudad pequeña. Sin embargo, cuando lo vi en persona me encantó a parte de ser precioso por todos sus detalles, es impactante ver como «cuelga» sobre una colina.
Mi primera impresión fue que parecía un castillo de princesas, lo cual tiene todo el sentido, pues se dice que Disney se inspiró en él para las películas, y que era bastante más grande de lo que pensaba. Al entrar me gusto mucho más, te transporta a la edad media con todos esos ornamentos en dorado y esa necesidad de hacerlo todo a lo grande y majestuoso. Es más, creo que me gustó tanto porque al haber sido reformado tantas veces a lo largo de las épocas esta compuesto de varios estilos como el románico, gótico, mudéjar y renacentista.
Por otro lado, creo que se debe comentar el exterior del castillo, este se encuentra en un plaza a la que se accede desde calles estrechas de adoquines con arcos y adornos típicos de una ciudad medieval, la plaza puede que sea producto de nuestra época pero me dio la sensación de que viste más el edificio, pues te puedes sentar y simplemente apreciar las vistas desde la colina.
Por último, recuerdo pensar que los inviernos allí debieron ser difíciles, porque es un edificio enorme, que le costaría más guardar el calor, y donde las ventanas no eran como las conocemos.


HISTORIA
Se encuentra sobre una colina entre los ríos Clamores y Eresma, un lugar estratégico usado por celtíberos, romanos y árabes. Se menciona por primera vez en un documento del siglo XII, durante el reinado de Alfonso VII, y su construcción se atribuye a Alfonso VIII, quien introdujo decoración hispano-musulmana.
A lo largo de los siglos, Fernando III y Alfonso X ampliaron el castillo, y su aspecto actual se consolidó en los reinados de Juan II y Enrique IV en el siglo XV. Aunque tuvo que ser restaurado tras un incendio en 1862.
Por último, el acceso al Alcázar se realiza a través de un puente de piedra. Este se organiza en torno a dos patios: el Patio de Armas y el Patio del Reloj, y cuenta con dos torres: la torre de Juan II y la Torre del Homenaje.
